Metafísica propia

—Siempre fuiste un chico tan difícil, Santiago.. ¡Tan difícil! Yo no sé qué hice mal para que salieras así. Siempre me pregunto ¿qué hice mal con este chico?¿en qué me equivoqué con este chico para que salga así?

Aunque sé perfectamente lo que mi vieja quiere decir con ese “salga así”, ya no le doy importancia a sus quejas.

Ella hubiera preferido que me quedara a vivir en el centro. Tanto mi tía como ella hubieran preferido que me quedara en el centro, que fuera un chetito del centro que no se moja la sombra en ningún margen, que tiene amigos chetos como él, todos muy educados y con carreras universitarias que les proponen un buen pasar económico. Tipos que no saben del hambre, que no tuvieron frío, que miran a la sociedad desde un costado aunque hayan ido a colegios católicos caros y pagos donde “se supone” que la piedad cristiana es una materia del programa.

Yo fui “a la pública” porque me empaqué y mi vieja estaba floja de riendas para controlarme y le tiró con el fardo a mi viejo aquel verano en que nos fuimos por el fondo. Dijo lo que siempre dice, todavía ahora: ¡Hacé algo con tu hijo, Rodolfo. Yo no sé qué hacer con este chico!

Rodolfo se comprometió a garantizar que “no me pasara nada” en mis viajecitos de una hora desde la casa de mi tía en el centro hasta la escuela técnica en el límite de la ciudad. Y por la suyas, se comprometió a muchas más cosas, además de a las “litis expensas” que le tocaban por ley y al régimen de visitas que le fijó el Juzgado y que yo acomodé como se me cantaron los huevos por lo que dije antes de que mi vieja estaba floja de riendas y no sabía qué hacer con mi adolescencia.

Me iba a la casa de mi viejo cuando quería, cuando me peleaba con mi tía, cuando precisaba estar solo, cuando me sentía solo en esa sensación contradictoria de que me hablaran tan mal de mi viejo esas dos mujeres del centro. Me iba al barrio a buscar a mis amigos, a los que eran mis amigos desde que nací ahí y ni siquiera se pronosticaba lluvia, mucho menos, el huracán que vino después y por el que terminamos con mi vieja viviendo en la casa de mi tía. Aunque no estuviera mi viejo, porque cuando nos fuimos, él empezó a enterrarse en el trabajo y a involucrarse más y mejor en todas las peleas sociales que encontró para pelear, yo me iba al barrio y me saltaba el tapial de la casa del Chinito para estar en mi casa, porque esa y no la de mi tía era mi casa.

“Yo perdí mi propia guerra, chango… Ahora trato de ayudar a ganar las de los otros ¿vio? Ayudar ayuda, cachorro. Téngalo siempre en cuenta” me supo decir mi viejo alguna vez que yo le reproché que él no estaba nunca en esa casa que era mi casa. Yo era chico y él, que era joven también, me daba consejos como si fuera el Viejo Vizcacha del Martín Fierro.

Siempre estaba ahí para mí cuando yo lo precisaba, pero me dejaba suelto, “con la cadena larga”, decía, “a ver qué hace con la vida”.

Esa filosofía se la entendí después porque él era de pocas y precisas palabras. Si yo me torcía o metía la pata, me enderezaba con un golpecito, apenas un toquecito de atención, “a ver qué hace”, me repetía cuando mi vieja se quejaba de que Rodolfo no me ponía en vereda o “conversaba demasiado”, como se le había puesto a mi tía.

“Ese chico es así de rebelde porque tu marido —ex marido— no le da unos buenos bifes y lo endereza de una buena vez” gritaba mi tía, cuando se peleaba en la cocina con mi vieja por si hacían o no pollo o pescado.

Nunca me pude entender con mi vieja. Ni siquiera me puedo entender ahora, en que soy más grande y tengo más experiencia y menos sensación de dolor y puedo decir que arraigué donde quise y no donde ella hubiera querido.

—Para vos “ser difícil” es que uno sea independiente, que elija, que tenga posiciones tomadas —le digo, mientras mi vieja prepara un mate en la cocina de la casa de mi tía, que no está porque está dando Catecismo en la parroquia.

—Toda la vida hiciste lo que quisiste, Santiago, te dijéramos lo que te dijéramos. Yo no sé si lo hacés para llevar la contra porque no te supimos educar o qué te pasa por la cabeza. Pero toda la vida fuiste inmanejable, por lo menos para mí. Un extraño. Algo que no me explico de dónde salió.

—No soy “algo”. Soy “alguien”. Y que no sea como a la tía y a vos les hubiera gustado, no quiere decir que sea un bando cualquiera.

—No metas a tu tía. Tu tía no tiene nada que ver —protesta mi vieja— No digo que seas un bando, digo… digo que no te entiendo, que no me puedo entender con vos. No sé si todavía no me perdonás que me haya divorciado de tu padre o qué cosa no me perdonaste nunca y por eso no venís, no me atendés ni los whatsaap, me clavás el visto solamente… como si yo no estuviera viva.

—No me volés los pelos, vieja. Te vine a visitar ¿no? Así que no me volés los pelos con todas esas pelotudeces de madre conflictuada. No arruinés con toda esta sarasa que a mí se me haya ocurrido pasar por acá porque te juro que es la última vez que vengo ¡Siempre lo mismo, la puta madre!

—¿Para qué estudiaste seis años en la facultad una carrera que no ejercés? Contestame eso por lo menos. Y no es siempre lo mismo. Es que nunca me contestás, nunca me explicás que te hice ¡qué te hice yo, Santiago!

—Me dejaste solo. Te dedicaste al velatorio de “tu hija” de por vida. Ahora ¿qué? Me dejaste solo, como si no hubiera nacido yo ¿y ahora te quejás de que haya aprendido a estar solo? Estudié a ver si me podía curar yo de toda esta mierda que tengo adentro…Pero como decía el viejo: La maleza siempre vuelve sobre lo noble. Hablamos otro día ¿dale?

Mi vieja se queda petrificada, con el mate en una mano y la pava en la otra.

Yo me voy. Como cuando me fui, pego un portazo y me voy.


Muñoz me espera en el bar de siempre. Está a dos cuadras.



Glosario:

Chetito/cheto: diminutivo apocopado de "concheto", que es una persona que quiere aparentar un status social alto que verdaderamente no tiene.

Chango: en el norte del país significa muchacho.

Bifes: cachetadas, golpes.

Bando: atorrante, transgresor, que no se ajusta a las normas, bandido.

Volar los pelos: (dentro de este contexto) aturdir, cansar, malhumorar.

Sarasa: un montón de palabras que en el fondo no dicen nada.

Comentarios

  1. Me gustó Simón siempre me gusta lo que escribes.Un abrazo

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    1. Hola Eli!! Muchísimas gracias por venir a leer, amiga.
      Un abrazo grande!!

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  2. Para escribir hay que tener algo que decir y vos tenés mucho para contar. A mi me parece que vos lo hacés no solamente para decir algo que te importe sino que tenés en la cabeza la senda trazada para decirlo de un modo que tiene un gran significado para vos, para el que escribe, y que esa manera de narrar, lleva implícita en la cadencia de las frases, las emociones que avalan los sentimientos. Uno intuye de donde proceden por la claridad elocuente con que lo hacés.
    Porque contás sintiendo, o por lo menos eso es lo transmitís al que te lee, esa es la sensación que me queda después de leer un texto tuyo.
    Tenés una prosa admirable, Simón, como si saliera de un arma preparada para gatillar cada párrafo, o como un látigo que va sacudiendo a la historia para que retumbe en el pecho del lector.
    De veras te lo digo, Simón, desde mi humilde punto de vista, tu relato sacude, por momentos estremece, y no deja ningún dolor por extirpar.
    Es un gusto venir a leer tus cosas.
    Un abrazo grande, amigo.

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    1. Hola amigo!! La verdad, hasta que no tuve el blog y lo leyeron ustedes, como Nai me repitió mil veces, yo no estaba consciente de que podía, porque una cosa es dárselo a leer a tus amigos, para los que siempre todo está bien o no te dan cinco de bola o a tu profe de Lengua, que te mira raro, más en una Técnica y te dice: ¡qué veleidades las suyas, m'hijito! y otra diferente, que lo lea gente que uno mismo, cuando los lee, sabe que escriben bien.
      El primero que me lo dijo fue Gavrí, en una conversación de hangout: "Olvidate, pichón, vos sos escritor", me dijo el tipo.
      Esas fueron sus palabras. Después escribió un post en su blog sobre otro chico que se llama Jorge y sobre mí.
      Yo pensé: Está fumado este chabón.
      Pero si lo que escribo te llega como me decís que te llega y me decís esas cosas que me decís, yo entiendo que tan mal no lo estoy haciendo y que encima salió mejor de lo que yo pude pensar jamás cuando me hice el blog, que me lo hice con mucha vergüenza y con mucha autocrítica de mí mismo. Más de una vez me dije: "Sos un caradura".
      Después, como en el post anterior a este, empecé a ver lo que escribe la gente y mi visión cambió. Cambió por dos motivos fundamentales:
      1) hay mucha gente con una cara de mármol más dura que a la mía
      2) mi viejo me enseñó a evaluar libros, a entenderlos, comentarlos, desentrañarlos, criticarlos en el buen sentido y eso me hizo un buen lector, además de todas las nociones de técnica que él me acercaba cuando hablábamos de libros porque él de eso sabía mucho.
      Yo no supe lo que sabía yo hasta que no me hice este blog, hasta que no escribí fuera de los cuadernos.
      Ahí entendí que todo el esfuerzo de mi viejo para enseñarme no había sido en vano y que lo que se aprende, llegado el caso, se aplica casi espontáneamente.
      Debe ser todo eso lo que ves, amigo.
      Mi viejo me decía algo muy específico: Todos los sentimientos son universales, pero yo no soy Rubén Darío, así que aunque él y yo escribamos sobre el amor, la angustia o las flores, cada uno tiene que hacerlo según lo ve. Aunque los sentimientos son universales, cada uno de nosotros es único.

      Me re copé. Disculpame el rollo que me marqué, amigo!

      Un abrazo grande!!

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  3. ¿Sabes que me pasa con tus historias de vida Simón?... que me las creo, las haces creíbles, y no vale decir es que forman parte de tu vida, que son facetas de tu biografía (y aunque no lo fueran me gustarían igualmente)
    Me las creo porque no hay nada impostado ni sobreactuado, tal cual, con sus glorias y sus miserias:
    El chantaje emocional de la madre.
    La hartura del hijo de tanto matriarcado.
    La admiración tardía hacia ese padre que no encadena sino que da leves toques para enderezar la rama torcida.
    Sobre los diálogos, mira que no soy argentina y parece que los escucho…las dudas…las repeticiones tan bien conseguidas…te pongo el ejemplo de esta frase: “No digo que seas un bando, digo… digo que no te entiendo”, las reiteraciones del digo son naturales, y a mi me da la sensación de estar en esa cocina escuchando a “la vieja” y sus reclamaciones y hasta el golpe final de la puerta.
    A esto, Simón, se la llama ES-CRI-BIR
    Así, con mayúsculas.

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    1. Uy, Tara!! No sé si engordar veinte kilos o ponerme rojo tomate con todas esas cosas lindas que me decís, amiga!!
      Trato de ser natural. No trato de "escribir" lo que escribo, sino de contarlo como yo lo siento, más crudo que cocido o como dice un amigo mío que es parrillero, jefe de cocina en un restaurante y además, estudió Filosofía: el punto de la "carne" siempre tiene jugo. Eso es "a punto".
      Yo creo que cuento desde la carne, tratando de no adornar, de no hacerme "el poeta" ni agregándole "veleidades", como decía mi profe de Lengua de la secundaria.
      Igual todo es un experimento para mí, amiga. Como lo que te hace poner blogger cuando diseñás el blog, la descripción: "prueba y horror", dice mi postítulo. Me lo puse para mí, porque realmente era una prueba y contabilizaba que podía salir horrorizado (yo y los que me leyeran).
      Menos mal que lo segundo parece que no se da, jajajajajaja.
      Un abrazo grande con mucho cariño!!

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  4. Cada vez escribís mejor, como si te fueras soltando desde lo emocional un poco más en cada texto nuevo y la parte racional solo tiene que ponerle un mínimo orden, para desenredar el sentimiento. Así ocurre cuando se escribe desde las tripas.
    La relación, desde la aparente no-relación con tu madre, siempre deja en el aire ese reclamo, que ella todavía no puede atender, sobre el fantasma de la hermana muerta y en el que los dos están anclados. Un punto crucial de la historia familiar y que quizás profundices más adelante (o que yo me perdí en tus primeras publicaciones).
    Llegás hondo, me alegra mucho que sigas con pasión, así lo pide la literatura.
    Un abrazo bien grandote, Simón.

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    1. Hola Mirella!! No sé si escribo cada vez mejor, pero si vos me lo decís, me dan unas ganas bárbaras de creérmelo. Lo que sí sé es que me estoy afianzando, como vos me decís, soltando, abriendo. Al principio estaba tratando de no salirme de cuadro, como de mantenerme en mis propios vínculos para pisar en firme: hablar como hablo, quedarme en esa, en la quintita, que eso para mí era ir sobre seguro.
      Además, tenía ese prurito o vergüenza o como le digo a Tara más arriba, ese esperar que todos salieran corriendo horrorizados, incluso yo, por lo malo del asunto.
      Es diferente escribir para uno que de cara a la gente.
      Ahora ya, como se dice, conozco el paño y me resulta mucho más fácil empezar a desentumecerme, jajajajajaja.
      Creo que esto de ahora se los debo a todos ustedes que siempre me acompañaron con la lectura y me apoyaron y me alentaron y de los que fui aprendiendo a no cuidar tanto el fuego y dejar que haga también lo suyo en la cocción de los sentimientos.
      Yo creo que como dije en el otro post: no hace falta tener cien maestros; lo que hace falta es que los que uno tiene, sean buenos.
      Eso me pasó con todos ustedes.
      Un abrazo enorme, amiga!!

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  5. En este fragmento de vida desechas emociones conflictivas que arraigan desde la más tierna infancia. Es duro que los seres queridos no comprendan lo que somos, y no toleren o simplemente nos acepten.
    Yo he tenido la suerte de ser muy querida por mis padres, por eso me parece durísimo que una madre no se ponga en ese mismo nivel.
    Al leerte me quedo con un poco de pena, me enternece ese niño que creció con reproches y que solo uno de los padres le dio las suficientes alas para errar pero sobre todo volar.

    Un fuerte abrazo.

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    1. Hola amiga!! Creo que esto que escribí acá se parece a lo que vos escribiste en tu blog: esos fantasmas que nos mastican y que se hace tan complicado de derrotar.
      Muchísimas gracias por tus palabras, Irene.
      Un abrazo grande!!

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  6. Tienes una particular forma de expresar lo vivido, con demasiada fluidez. Es difícil satisfacer a la madre, que quiere indicarnos el camino que ella no pudo transitar y es el grave error, el no aceptar las preferencias de lo que deseamos en el mismo crecimiento. Me encanta la canción y la escucho mucho en el instante que llega la tristeza sin aviso. (Hasta que pude comentarte) me voy con el volver entre mis dedos.

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    1. Hola Gaby!! Cómo estás? Bienvenida a Distopía.
      Hay muchas relaciones que son muy difíciles, es verdad y aunque las dos personas pongan de su parte, nunca se sanean del todo, siempre queda una astillita de vidrio clavada en algún lado, que nunca termina de doler.
      Creo que con los padres se da mucho más eso de que duela para siempre.
      Un abrazo grande y muchísimas gracias por leer!!

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    2. Te doy la razón y las gracias por la bienvenida. Sin duda volveré a leer más!!.

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